miércoles, 4 de marzo de 2009

La ciudad apagándose bajo las nubes
Qué cuiroso, el reflejo de la ciudad sobre charquitos de agua pisoteados por los niños, esa velocidad del olor a monte, el canto pausado de los grillos fragmentando la ausencia; el miedo abismal de la oscuridad.
He visto todo: Algunas gotas que perdieron el tiempo y mis ganas enormes de caminar por esas calles y ser como el eco, la gota, el aroma, las luces, el viento, los grillos...la ausencia.

Janet Mérida Aguilar

IrNoS

Te llevaría en las maletas.
Serías las estrellitas que brillan en la noche sobre el techo de mi pared.
O un cangrejo al que perseguiría incansablemente por la playa.
O mi ropa O mi anatomía.
Podría desde mi ventana mirarte... azul.
Bañarme en ti hasta que la tarde anaranjada se haga más ruidosa.
¿Te vas conmigo?
Puedes ser mis aretes de sirena.
mi cama, mi espalda o tú mismo.



...o yo puedo volver cada que pueda.

Janet Mérida

VeStiDo AzuL

Es la muchacha que tiene el vestido azul.
Le hicieron una canción, un poema, una casa, un cuento.
Le regalaron un caballo blanco tan blanco que murió de tristeza.
Cuando llega al pueblo la miran todos (como si ella jalara el extremo de una tela finísima que les hace volverse hacia atrás), y ella camina sin esfuerzo con su inmarcesible vestido azul.
Todos la quieren, la desean, la persiguen; y ella no hace más que caminar hasta desaparecer entre los sabinos junto al río.
Ayer la muchacha se sentó junto al río y miró a los pecesitos perderse en el lodo del agua.
Mañana no la verán más.


Sonrío para mí desde la ventana
La muchacha del vestido azul palpita sobre el agua, atorada entre las raíces del sabino más viejo.

Janet Mérida