Que va, después de un tiempo vas a tomar tus maletas y sin previo aviso te irás. Ya lo sé por las tardes nubladas. Como si las tardes no hablaran de ti.
Por eso te he ahorrado trabajo:
Las muecas están en el primer cajón del tocador, los condones en la mesa de cristal (o bajo la cama), las risas en la ventana (pegadas con pos-its), la computadora en la maleta azul, la comida en el refri (tercer cajón para el quesillo, jamón y aguacate), tus corajes uno en cada bolsa de la camisa diaria(ya sabes que es mala una sobredosis), tu sueño en el spray que aromatiza la casa cuando te vas antes que yo, el anillo en el dedo, el agua para tomar en cuatro tambos azules debajo del lavatrastes, tus libros favoritos en la caja de madera junto a la puerta de la habitación, tu ropa interior en la lavanderia, mi amor en la ausencia.
He pensado ya que te irás un dia, y por eso ya tomé mis cosas que ya no son mis cosas porque todas huelen a ti sin desprecio, y estoy en la puerta del alma desde hace tres horas (o años o dias, o segundos) esperando un maldito taxi que no me lleva porque no llega, y me mato pensando en las cosas futuras que puedo esperar sin que tu estés (y realmente no veo claro porque no pienso nada), y a fin de cuentas veo el reloj y mi corazón baja del columpio emocionado. 8.45 pm. estás a punto de llegar. Tengo miedo pero resuelvo: Que será si no estoy cuando despiertes y tengas frío, cuando te rias y no pueda escuchar, cuando me extrañes y no pueda sentir, cuando me ames y yo no esté?
De un desayuno con Eusebio Ruvalcaba
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Por Luis Manuel Amador
En 2005 entré a trabajar a la Fonoteca Eduardo Mata, que resguarda el
acervo musical de la Biblioteca del Instituto de Artes Gráfi...
Hace 8 años